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15/12/2021 / Barcelona

Antonio Ungar, escritor: ‘Desafortunadamente, Colombia es el país de la injusticia’

El escritor Antonio Ungar desmenuza con maestría en su última obra, Eva y las fieras (Anagrama. 2021), las contradicciones de la Colombia contemporánea, un país donde cohabitan los demoledores efectos de décadas de conflicto y la fuerza vital de sus gentes. Premio Herralde de Novela en 2010 y finalista del Premio Rómulo Gallegos en 2011, Antonio Ungar nos ha visitado recientemente. Rodeados por la exposición América XXI, hemos hablado con él de su novela y de Colombia, la actual y la de finales de los años 90 en los que se ambienta Eva y las fieras, muchos de cuyos personajes se asomarán en una anunciada trilogía. “Colombia tiene una fuerza vital impresionante y toda la fragilidad de tantos años de guerra y de injusticia”, sostiene Ungar en la siguiente conversación.

Ver video entrevista a Antonio Ungar.

¿Las fieras que persiguen a Eva son una metáfora de Colombia?
Hay algo en Eva que también tiene Colombia. Es una fuerza muy grande y al tiempo una fragilidad muy grande. Eva es una jovencita de ciudad de clase media alta que se ha pasado su vida en la fiesta y ha perdido el control. Está metida en drogas fuertes y el alcohol, se ha perdido, no sabe muy bien hacia dónde va... Tiene una hija pequeña y no sabe quién es el padre ni le interesa, quiso tenerla sola. Aparentemente es frágil porque es joven y está enfrentada a la selva, que es algo gigantesco, y a la guerra. Pero al mismo tiempo tiene mucha fuerza, es muy independiente e inteligente, sabe cómo moverse, por debajo de esa aparente confusión sabe a dónde va. Cree que en la selva puede encontrar una nueva forma de ver el mundo y que ayudando a unos indígenas en crisis de comida alimentaria encontrar un sentido nuevo a la vida. Pero no sabe que está la guerra y que la guerra es mucho más grande que ella, es atroz, es un mundo muy masculino, muy duro y violento.

Colombia es un poco así: tiene una fuerza vital impresionante, con una fuerza creativa tan grande y sus riquezas naturales, que podría ser un país muy rico. Y tiene toda la fragilidad de tantos años de guerra, la debilidad de tanta guerra acumulada, tantos traumas, tantos muertos... Y de tanta injusticia, Colombia es el país de la injusticia y de la inequidad, desafortunadamente.

¿Cómo era esa Colombia de los 90 en la que ambientas tu novela?
Básicamente lo que pasaba a finales de los años 90 del siglo pasado era que las FARC eran una guerilla muy grande después de un conflicto muy largo y una guerra desde mediados de los años 50 y ya muy metida en temas de narcotráfico, comercio de oro, secuestros para financiarse. Y por el otro lado estaban los paramilitares y el Ejército, aliados muchas veces con el narcotráfico, y aliados con negocios legales: minería, madera, palma... Zonas como Puerto Inírida, en la esquina oriental de Colombia, en la frontera con Brasil y Venezuela, sufrían todos los efectos de la guerra, había comercios ilegales de oro, coca, armas... Era un momento complicado. Pero al mismo tiempo había mucha vitalidad, estaba lleno de proyectos y energía. Los colombianos son intensos para todo.

La ficción para explicar la realidad
Cualquier herramienta es buena pero hay que ver qué historia quiere contarse. La historia de Eva y las fieras era tan absurda que contada toda era inverosímil por lo que tuve que escoger pedazos y volverlos ficción. Por otro lado, para escribir crónica de guerra se necesita un talento especial que yo no tengo. Creo que era mejor contar esa situación desde los personajes y no desde la noticia de orden público. Cuando lees en las noticias una lista de muertos o un atentado y te dicen qué sucedió, cuanta dinamita se empleó... es muy artificial, muy raro, no tienes la realidad de lo que pasó, eso al final lo obtienes a través de los personajes reales. Como tuve la fortuna de vivir en Puerto Inírida conocí personajes a partir de los cuales construir una ficción y hacerlo con un zoom lo más cerrado posible, acercándome a los personajes y a su forma de comportarse. A veces la ficción es la manera de entender la realidad. Creo que en algunos aspectos se entiende mejor el Caribe leyendo a García Márquez que no libros de Sociología, Historia o Economía.

¿A qué atribuyes el interés literario por la selva y el Pacífico de Colombia?
Ese interés tiene que ver en el hecho de que en los últimos años la guerra se está librando en la selva y en el Pacífico. Por ahí sale la cocaína hacia Estados Unidos, entran armas. Es una zona de conflicto fuerte, hay cárteles mexicanos de la droga que están tomando esa región.

También la selva como material para la ficción es muy buena porque son pequeñas comunidades aisladas en mitad de la naturaleza que te permite coger tipos humanos concentrados en un solo lugar. Muchas veces es gente de ciudad que llega allá en crisis existenciales, económicas. Llegan a la selva buscando algo y se crean sociedades raras, que no son del todo colombianas, sociedades más horizontales, sociedades distintas donde cada persona puede inventarse su destino. Pero ahí también están metidas las enfermedades colombianas como el racismo o el clasismo.

Y luego la selva es un misterio, es muy difícil de describir e interpretar, sobre todo para el hombre blanco, para el hombre occidental. Afortunadamente en Colombia todo es mezcla, hay muy poca gente pura racialmente.

La primera parte de una trilogía
Quiero que sean los mismos personajes, los que sobreviven a la historia, con algunos de ellos haré un salto temporal y los encontraré en otro lugar en Colombia. Este primer libro básicamente es sobre los negocios ilegales que hay en la selva y el siguiente será sobre los negocios legales que fueron los que en gran parte financiaron a los paramilitares, que fueron un elemento atroz de la guerra. Negocios como el carbón, el petróleo, la palma de aceite, el banano, la madera, la ganadería... Todos financiaron a los ejércitos paramilitares para proteger sus territorios o para conquistar territorio, porque se robaron la mitad del país. Quero ver esa incidencia de los negocios legales, de la cual no se habla, los malos son los narcos o los ilegales y al final todo es un entramado mucho más complicado.

Y en la tercera parte quiero que sean los políticos, que son el resultado de todo lo anterior, son el vínculo, la cosa que amarra a los legales con los ilegales y crea toda esta inequidad y violencia. En el caso colombiano, además, con una corrupción gigante: la política es para robar. Todo esto suena como unos “novelones” de 400 páginas y realmente lo que yo escribo son cosas cortas y muy contundentes. Eva y las fieras tiene 150 y las otras serán parecidas, en forma de pequeñas narraciones de esos momentos.

¿Qué precisa Colombia para lograr una paz duradera?
En Colombia se necesita un cambio profundo, espiritual, de perdonarse los unos a los otros, y un cambio social inmenso pues Colombia es un país de los más inequitativos del mundo donde los ricos son muy ricos y pcos y los pobres, muy pobres y muchos. Y ahora tras la pandemia aún más pobres. El sistema de justicia no funciona, para los pobres no tiene ningún sentido, hay una impunidad absoluta. Los ricos y los grupos armados poderosos son impunes. La justicia está en manos de los poderosos. En este momento, además, es muy peligroso porque el Gobierno es dueño de la Procuradoría, la Defensoría, la Fiscalía, la Contraloría... Todos los instrumentos públicos que se supone son independientes el Gobierno los tiene cooptados, es como un cártel de la política que genera una gran impunidad y desigualdad.

Y hay una tercer elemento grave que es el narcotráfico, el hecho de que las drogas sean ilegales produce fortunas inmensas muy rápido y la gente del país que no tiene oportunidades ni justicia, que son la mayoría, que sabe que la vida de sus hijos va a ser igual o peor que la suya, saben que pueden hacer una gran fortuna con el narcotráfico. Es un detonante de más y más violencia porque la gente que está ahí metida son hijos de los que sufrieron la violencia de los 80, que a su vez lo son de la de los 50... Parecemos condenados a repetir esas historias. Se necesita una gran cambio cultural y social, la única manera es perdonarnos, la guerra no ha parado y no se va a parar a menos de que la gente diga “paremos, no nos vamos a seguir matando indefinidamente”.