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09/09/2022 / Biblioteca Esquerre de l'Eixample-Agustí Centelles

Leonardo Padura: “Cuba es el sitio en el que necesito estar para ser la persona y el escritor que soy”

“Tener lectores es la mejor cosa que le puede pasar a un escritor”, afirmó Leonardo Padura apenado tras presenciar a las decenas de seguidores que no pudieron entrar en el auditorio, lleno a reventar, de la Biblioteca Esquerra de l’Eixample-Agustí Centelles de Barcelona. El motivo, la presentación de su último libro, Personas decentes (2022, Tusquets) en conversación con Marta Nin, directora de Casa Amèrica Catalunya.

Dos años después de la presentación virtual de Como polvo en el viento, el escritor cubano volvió a reunirse con Marta Nin para charlar sobre esta novela en la que Mario Conde recupera su instinto de policía, Personas decentes. La novela se sitúa en 2016, con la visita de Barack Obama, del concierto de los Rolling Stones e “incluso las Kardashian”. Un momento extraño y de muchas esperanzas en los cubanos que Trump y la pandemia “se encargaron de bloquear esa posibilidad de cambio”. “Cuba que siempre está aspirando a llegar a algo y cuando parece que va a llegar, se aleja.”

En paralelo, el detective protagonista teje otra historia que transcurre en 1910 cuando La Habana era la Niza del Caribe y se produce el asesinato de dos mujeres y se abre una investigación en el mundo de la prostitución en la ciudad. “Mario Conde llevaba tiempo pidiéndome escribir más, tras sus dos intervenciones en Máscaras y La transparencia del tiempo”. Dos historias paralelas en lo argumental, pero con conexiones interiores en cuanto a personajes y conceptos.

La relatividad de la decencia
Durante el parón obligado de la pandemia, el escritor se vio interrogándose “para qué escribir”. La represión cultural de los años 70 en Cuba había sido abordada anteriormente en Máscaras a través de una de las víctimas de ese proceso. Ahora el escritor se interesó por los victimarios, aquellas personas que había ejecutado ese proceso. “El presente no me bastaba para todo lo que quería decir en el plano ético” y por eso Padura toma una historia del pasado centrada en el personaje histórico, Alberto Yarini Ponce de León, el proxeneta más célebre de la historia cubana. Así, desde el mundo proxeneta, Padura recorre el concepto de lo ético.

El protagonista de la saga detectivesca es conocido por ser incorruptible, con la decencia como escudo protector. “Pero mantener en Cuba la decencia es muy complicado porque las estrategias de supervivencia le obligan a uno a ciertas maniobras que no son absolutamente decentes”, comparte Padura.

Para el autor era una necesidad validar el oficio de estas mujeres en una novela en la que hay un personaje proxeneta, y presenta a estos personajes de una manera comprensiva, nunca despectiva. “En el presente cubano son infinitas las estrategias para sobrevivir”, añade. “Hay que vivir. La vida es lo más importante de todo”.

Las claves para universalizar una historia del presente
Padura, generoso, compartió con el público sus claves a la hora de tratar sus historias. Uno de los errores que, según él, cometen muchos escritores cubanos es tratar de explicar la realidad “peculiar” cubana. “La literatura no está para explicar esa realidad, está para mostrarla”.

El escritor cubano reveló las cuatro máximas a las que recurre cuando se trata de escribir una historia universalizadora, pero sin perder su pertenencia cultural. Estas son “el arte debe llevar lo universal en las entrañas de lo local. Y en lo circunscrito y limitado lo eterno”, de Miguel de Unamuno. Mantiene a Conde como eterno soltero por Raymond Chandler y su idea de que “los detectives privados no se pueden casar”, pero siempre atento porque tiene funcionando el “detector de mierda”, que denominó Hemingway. Por último, las palabras de Flaubert tras el revuelo que causó Madame Bovary: “Yo solamente quería llegar al alma de las cosas”. En definitiva, buscar todos aquellos espacios en los que hay alguna cercanía, sea el país o la cultura que sea.


El humor cubano salva
Tarde o temprano, la conversación siempre lleva al plano social y político. Padura recuerda el momento en el que, en 1995, tras ganar el premio Café Gijón por Máscaras, se le acercó Beatriz de Moura y le dijo que querían publicar su obra en su editorial, Tusquets. Allí empezó una relación que se extiende hasta el presente, con más de una veintena de títulos publicados y con todos los avances tecnológicos que se han ido logrando: “poder mandar mi novela a la otra punta del mundo en un microsegundo, tras apretar un botón, sin pasar por ningún filtro censor es un privilegio”.

Asimismo, Leonardo Padura dedicó un espacio a la diáspora cubana, para él un fenómeno muy fuerte, y reclamó que la gente tiene derecho de vivir donde quiera vivir. “El temor de que alguien se vaya de Cuba en cualquier momento está siempre presente.”

“Nos salvamos por el sentido del humor”. Y buena muestra de ello es el meme que compartió al hablar de la grave situación de muchos cubanos que en los últimos años se lanzan a la ruta que se inicia en Nicaragua y que termina tras cruzar el río Bravo. “Burlarse de las desgracias ayuda a vivir”.

En su caso, Padura no renuncia a vivir en Cuba, por motivos familiares, por un lado, pero también por una razón profesional de peso: “me alimento de esa realidad para escribir”. Para el escritor el desarraigo es una situación muy compleja y la pertenencia cultural es importantísima. “Cuba es el sitio en el que necesito estar para ser la persona y el escritor que soy.”


Vuelve a ver la presentación del 7 de septiembre en la Biblioteca Esquerra de l'Eixample-Agustí Centelles