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28/06/2023 / Barcelona

Cuando quisieron convertir a Uruguay en el país de los siete enanitos

La conmemoración del 50 aniversario del golpe de Estado en Uruguay que inauguró la dictadura de 1973 a 1985 ha convocado a un numeroso público en nuestro auditorio, escenario de la conferencia 50 años del golpe de Estado en Uruguay: la actualidad del pasado, a cargo de Virgina Martínez, profesora de Historia, documentalista y presidenta de la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria.

En conversación con la periodista Mariana Norandi, la experta ha diseccionado con precisión quirúrgica a un régimen que, a través de la violencia y con una nada despreciable seducción comunicativa, quiso convertir a Uruguay en una “sociedad sin política y sin conflicto, donde cada uno cumple su rol y va a trabajar como los siete enanitos, alegre y sin chistar”.

El acto ha sido presentado por Marta Nin y Salvador Valente, directora de Casa Amèrica Catalunya y presidente de la Casa del Uruguay en Barcelona, entidades organizadoras de una actividad que ha convocado a un nutrido grupo de exiliados uruguayos de la época que han intervenido activamente en el posterior coloquio con la conferenciante. La sesión también ha contado con un saludo de Elbio Ferrario, director del Centro Cultural y Museo de la Memoria – MUME (Montevideo).

Refundar el país
Virginia Martínez ha señalado que la Dictadura del Uruguay, a diferencia de sus gemelas en el cono sur americano apostó por la prisión prolongada como principal instrumento represivo aunque también existieron torturas y asesinatos políticos. El régimen quería “refundar el país en los valores históricos de la esencia de la nación, desdeñando lo foráneo y emprendiendo una nueva cruzada contra un enemigo distinto, que también era interno y que se encarnó en el comunismo internacional”, ha explicado.

La historiadora ha advertido que el terrorismo de estado que se implantó “hay que mirarlo también en las aulas, en la escuela, en la sociedad y en los medios de comunicación” ya que el propósito de aquel régimen civil (que no cívico, ha precisado) y militar respondía a un eslogan con dos pilares: “Ganar la guerra y ganar la paz”. Para ello, querían construir una sociedad apolítica puesto que “los orientales de bien no hablan de Derechos Humanos ni de Dictadura”.

“Era la idea de la sociedad sin conflicto, sin política, donde cada uno cumple su rol y va a trabajar como los siete enanitos, alegre y sin chistar,. Eso se hizo por la vía de la violencia y por la existencia de una cierta seducción por parte del régimen, algo que existió aunque nos resulte incómodo”, ha dicho.

Una sociedad con miedo
Un objetivo a largo plazo que se sustentó en la acción represiva en los Liceos al considerarse la etapa de la educación secundaria como una “cantera de la subversión” y la “obsesión” de la Dictadura por los medios de comunicación, barriendo a los opositores y controlando a los tolerados. “El estado y los medios de comunicación construyeron un miedo que permeabilizó a la sociedad”, ha manifestado Virginia Martínez.

Finalmente, sobre el reflejo de aquella época en la actualidad, la presidenta de la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria ha advertido sobre la reedición de nuevos enemigos como la “perversa” ideología de género o el ambientalismo. “Antes la batalla era ideológica y ahora es por la hegemonía cultural. Las derechas uruguayas acusan a los movimientos de Derechos Humanos de decir sólo la mitad de la verdad y se reivindican como poseedoras de toda la verdad”, ha afirmado en su descripción de un escenario que se abre paso no solo en el Uruguay de hoy.


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